El impacto de la transformación tecnológica ha sido significativa en el intercambio de información errónea a través de las plataformas digitales como portales web y redes sociales. Las consecuencias han sido tan serias, que algunas campañas de desinformación orquestadas han representado una amenaza para el periodismo y, particularmente durante la pandemia actual, ha sido utilizado para incitar a que las personas tomen decisiones importantes para sus vidas.
La desinformación, también llamada manipulación informativa o manipulación mediática, es información falsa o engañosa que se difunde deliberadamente para engañar. De acuerdo con la RAE, se trata de la acción de dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines y brindarla de manera insuficiente u omitirla.
Resulta curioso que en Colombia la población total es de 50,61 millones de personas, mientras que el número de teléfonos conectados en el país, supera en un 119% el número total de la población con 60.38 millones. Así mismo, el número de usuarios conectados a Internet es de 35 millones, es decir, el 69% de la población total tiene acceso a este servicio. Paralelamente, la misma cantidad de personas son usuarios activos en redes sociales, según el Digital 2020 Global Overview Report, entregado por We are Social y Hootsuite en 2020.
Así que en un entorno en el que uno de los actores más relevantes es el internet, la forma en que la gente se informa es a través de sus redes sociales, que se convierten en el blanco de ataque para manipulaciones. Esta información errónea, y a la vez creíble, se amplía a todos los canales digitales permitiendo que cualquier persona o grupo pueda comunicarse y ejercer influencia sobre otros a través de la creación y distribución de contenido.
Guy Berger, director de Políticas y Estrategias sobre Comunicación e Información de la UNESCO, explica que, en medio de grandes temores, incertidumbres e incógnitas, existe un terreno fértil para que florezcan y crezcan las afirmaciones engañosas, hecho que se ha comprobado durante el periodo de la pandemia causada por el Covid-19.
Todo lo anterior supone serios riesgos, el primero es la pérdida de las normas de la excelencia periodística que comúnmente se respetan en los medios tradicionales y que corresponde a clasificar el medio como una fuente confiable de información. Cuando existe esa ausencia credibilidad en el manejo profesional de la información, el discurso basado en un conjunto de cifras, datos y hechos, universalmente aceptados (y verificados o, al menos, verificables), se pierde.
En segundo lugar, sin duda se involucra a la población que carece del sentido de Investigacion y verificación de toda la información que recibe a través de memes, videos y notas de prensa, lo cual facilita la difusión de mensajes que no son reales y en los que la participación de estas personas es indispensable para seguir masificando una mentira, engaño o error.
Si bien las redes sociales facilitan el acceso a la información, incentiva la participación y creación de contenido creativo y facilita la generación de opinión y debates sobre distintas temáticas, también ha dado vía libre a la polarización y la confrontación, convirtiéndose en un canal para las emociones desenfrenadas y la ausencia del rigor de los hechos noticiosos.. Un entorno propicio de presenta una alta vulnerabilidad con efectos negativos en la cohesión social y la estabilidad política.
Si te interesó este artículo recuerda visitar nuestra página web http://www.novvacomunicaciones.com/ y seguirnos en redes sociales @novvacomm, donde podrás encontrar contenidos especiales para ti. ¡Te esperamos!
